Erika Soto: Selección 1:

Color y raza: ¿son lo mismo?

Si buscas en el diccionario de Merriam-Webster la palabra color, te encontrarás con varios significados. La principal definición usada para definir color la describe como una fenomena de luz o percepción visual que nos habilita distinguir objetos que parecen idénticos. Sin embargo, otra definición de la palabra color la define como pigmentación en la piel en cualquier persona que no sea considerada blanca que caracteriza su raza. La palabra color desde hace muchos años se ha usado para categorizar grupos de gente, aunque la palabra tiene connotaciones negativas. Es por esto, que este ensayo se centra en desarrollar la idea de usar la palabra color para categorizar a la gente y responder a la pregunta, “¿Es correcto usar color para categorizar a la gente?”

Primero, debemos hablar sobre el origen detrás la palabra. Cuando hablamos de color nos referimos a palabras como “negro, blanco, o moreno,” para describir alguien. La idea de que las células contienen orgánulos que contienen pigmentación fue descubierta en las avances de terapia microscopía en el siglo 20 (Hall, 2008). En biología aprendemos que la piel es coloreada por una mezcla de pigmentos llamados melanina. La gente con piel oscura produce melanina en abundancia. La melanina asociado con melanosomas grandes, oscuros y largos son responsables por la producción de melanina (Hall, 2008). Ronald Hall en su artículo del racismo del siglo 21 explica que existe más variación entre color de piel de individuos del mismo grupo que la población general en los Estados Unidos.

Es por la razón dicha anteriormente que existe la discriminación contra personas por las variaciones de color de su piel. El “colorismo” relata la tendencia de percibir o actuar de manera negativa con miembros de una raza en función de la claridad u oscuridad de su piel (Nance, 2005). Como sociedad, ponemos la gente en categorías de color para distinguir su raza para luego formar prejuicios. El colorismo es un concepto creado por la sociedad y también por la dominación de un grupo a otro. Usamos como ejemplo la colonización europea de Las Américas latina. Los colonizadores establecieron sociedades basadas en relaciones dominantes-subordinantes usando el color de la piel como un predominante que marca el estatus de los individuos (Nance, 2005).

Los adividantes de originales fueron colonizados por europeos con piel blanca y es por esto que la gente con piel blanca tiene un alto estatus social. La conquista se relaciona con prestigio y poder y los europeos creían esto de ellos mismos y de la gente con características similares (Nance, 2005). Esta idea del “privilegio blanco” es un valor profundamente integrado en nuestra estructura social que ha creado tensiones interraciales. Gente con tez oscura crecieron con la idea de que el estándar de belleza es la blanquitud y esto creó resentimiento. No distinguimos a la gente de ciertas poblaciones usando color por razones científicas, sino porque la cultura dominante ha creado esta definición.

Es aquí donde nos encontramos en la actualidad. Cada vez que llenamos formularios tenemos que escoger si pertenecemos a raza blanca, negra, Indígena americano, asiático o isleño del Pacífico. La realidad es que muchos no cabemos dentro de estas categorías y además, el color de la piel no es compatible con nuestra raza. Por ejemplo, tengo dos amigas que se preguntaron de dónde eran y una dijo que era de Nigeria y la otra de Marruecos. La de Nigeria le preguntó a la otra que si ella se consideraba negra y ella le respondió que sí porque Marruecos se encuentra en el continente de África. Sin embargo, la de Nigeria le dijo que ella no puede ser negra porque el color de su piel no es negro. La de Marruecos le explicó que para llenar formularios legales ella no tiene otra opción sino de apuntarse como negra. Es por ejemplos como este, que es difícil conjuntar el color de la piel con la raza.

 

Referencias

Nance, Cynthia E. “Colorable Claims: The Continuing Significance of Color Under Title VII Forty Years After Its Passage.” Berkeley Journal of Employment and Labor Law, vol. 26, no. 2, 2005, pp. 435–474. JSTOR, www.jstor.org/stable/24052435.

“Racism in the 21st Century: An Empirical Analysis of Skin Color”, edited by Ronald E. Hall,  Springer, 2008. ProQuest Ebook Central,  https://ebookcentral.proquest.com/lib/aul/detail.action?docID=364488